El plano de tu salón, mesa por mesa, en vivo
El turno no arranca eligiendo nada: arranca mirando el salón. Cada mesa está numerada y dibujada con sus sillas: muestra si está libre, reservada, ocupada o si ya pidió la cuenta, cuántos se sentaron, cuánto debe y si llamó. Cada mozo ve sólo sus mesas, y el rango se asigna por jornada: el que hoy hace el salón, el sábado puede hacer la terraza. Tocá una mesa o elegí un mozo.
El salón se acomoda mientras se sirve: desde el celular del mozo se mueve una mesa, se renumera sin perder la cuenta abierta, o se juntan varias para un grupo grande en una sola cuenta.
Reservar una mesa desde tu link, paso a paso
Así lo vive el comensal en tu propio link: elige día y cuántos son, ve sólo las horas con lugar, deja sus datos y le llega el mail de confirmación con el link para cancelar. Del otro lado, la reserva bloquea una mesa real de tu salón: no hay un cupo aparte que se desincronice.
El comensal no ve el plano ni cuántas mesas quedan: la ocupación de tu local no es pública. Vos definís cuánto se guarda la mesa sin seña y qué porcentaje del salón queda para los que llegan sin reservar. Si el local tiene el asistente de WhatsApp, también reserva por ahí, sobre las mismas mesas.
Pedir desde el QR de la mesa, despachar desde la cocina
Cada mesa tiene su QR: el cliente ve la carta, pide sin instalar nada (se verifica con los últimos cuatro números de un DNI de la mesa), llama al mozo y ve su cuenta en vivo. El pedido es uno para el cliente y dos trabajos en pantalla: la cocina ve sus platos y la barra sus bebidas. Pedí algo a la izquierda y mirá cómo se parte a la derecha.
Cada comanda arranca con ▶ Empezar y su cronómetro: medís el armado, no la cola. Si se cancela, el stock vuelve solo. Si la mesa prefiere hablar con una persona, el mozo carga exactamente el mismo pedido desde su celular.
Cobrar la mesa sin que nadie haga cuentas a mano
La mesa consume primero y paga al final. Desde el celular, el mozo aplica un descuento de la casa, divide la cuenta —y el ticket dice cuánto le toca a cada uno y el resto—, registra la propina a su nombre y cobra. La plata entra directo a tus cuentas.
Pago simulado. En tu local cobrás en efectivo, con tarjeta en tu Point de Mercado Pago o por transferencia a tu cuenta de Talo: el cobro del salón va a tus cuentas y recibís el 100 %. GVenue no cobra porcentaje sobre la venta del restaurante: es tarifa plana mensual.
Tu delivery, con tu carta y tu cocina, sin comisión de apps
El cliente pide desde tu link —o lo cargás vos cuando llama por teléfono—, con la misma carta y los mismos precios del salón. El pedido cae en la misma comanda de cocina y barra; vos le seguís el estado hasta la puerta.
Cuánto vendiste, cuánto costó y cuánto ganaste
La jornada del día se abrió sola con el horario del local. Al cerrar ves venta menos costo de mercadería: lo que ganaste de verdad. Cargás la receta del plato una vez y el sistema calcula su costo real y su margen; comprás por kilo, vendés por plato, y el descuento de stock lo hace la receta. Lo que pediste arriba ya está sumado acá.
Tocá un plato para ver su receta. Cambiá el precio del kilo de lomo y mirá cómo se mueve el margen del plato y el del día.
Lo que todavía no está, y lo que va en cada plan
Preferimos decirlo ahora y no el primer día de servicio.
Menú del día por franja horaria
Las cartas por día ya existen y se aplican a mano. Que el ejecutivo de 12 a 15 entre y salga solo por horario todavía no está: va con cuidado, porque una carta aplicada a destiempo cobra mal toda una jornada.
La factura fiscal la sigue emitiendo tu sistema
GVenue arma el ticket de la mesa, el detalle del consumo, el cierre y el informe del día. La factura fiscal la seguís emitiendo con el sistema que ya usás para eso.
Qué trae cada plan
El plan base trae la carta, la venta, la comanda con su pantalla de cocina, la caja y el informe del día. Las recetas con costo por plato, el stock con la merma en pesos y el QR para que el comensal pida desde su celular van en GV Resto PRO. Las reservas y el delivery propio son add-ons aparte.