Santa Rosa es la capital de una provincia de distancias largas: la noche junta a los estudiantes de la universidad con gente del interior pampeano que viaja para salir, y muchas veces el mismo salón hace una fiesta de estudiantes un sábado y un cumpleaños de quince el siguiente.
Transferencia y USDT: te rendimos el 100 % a las 24 h de cada venta o después del evento, como elijas. En cobro directo entra a tu propia cuenta, y la tarjeta es opcional: por Mercado Pago, con la cuenta del local. El cargo de servicio lo paga el comprador, así que vos recibís el valor completo de la entrada.
Sin app que instalar y sin hardware obligatorio: la cámara valida y sale verde, amarillo o rojo. Plan B por DNI cuando hace falta.
Pantalla pública de aforo para seguridad, y al cierre el informe con recaudación por categoría, por origen y por RRPP, con la demografía de quién entró.
El que compra elige su lugar sobre el plano de tu salón, y ese lugar se vende exactamente una vez. Sirve igual para una disco con VIP que para un teatro con butacas numeradas.
Insumos, recetas y costo por trago, promos y happy hour por franja, y auditoría de merma. La plata de la barra es 100 % tuya: GVenue no cobra nada sobre la barra.
Cada RRPP con su portal, su link y su comisión en vivo. Sabés quién vendió qué sin pedirle a nadie que te pase un número.
La noche de Santa Rosa tiene una característica que le cambia la operación a cualquiera que trabaje ahí: es la capital de una provincia de distancias largas, y su noche junta a la ciudad universitaria con el interior pampeano que viaja para salir. No es un detalle de marketing — decide cuánta gente entra junta, cuántas manos hacen falta en la puerta y en qué momento de la semana se juega la recaudación.
Santa Rosa tiene una escala particular: es una ciudad mediana que funciona como capital de una provincia enorme y poco poblada. Eso hace que su noche no sea sólo de la ciudad. Un sábado llega gente de Toay, que es prácticamente parte de la mancha urbana, pero también de pueblos que están a una o dos horas de ruta y que vienen a una fiesta puntual, no a recorrer varios lugares.
La universidad le agrega otra capa. La Universidad Nacional de La Pampa tiene en Santa Rosa su sede principal y varias de sus facultades, y eso mete en la ciudad un público joven que en buena parte viene de otras localidades y vive acá durante el ciclo lectivo. Es un público que se organiza en grupo y compra por el teléfono: si la entrada no se puede comprar online, buena parte de esa gente ni se entera de que la fiesta existe.
Y en una plaza de este tamaño los salones hacen de todo. El mismo lugar puede tener una fiesta de estudiantes, una de quince y un casamiento en tres fines de semana seguidos, con lógicas que no se parecen: una se vende, la otra se invita. Por eso conviene que la puerta sea siempre la misma —el celular, el QR, el aforo en vivo— y que lo único que cambie sea cómo se emite la entrada.
Lo de arriba vale igual en Toay, Anguil, Winifreda, Macachín y General Pico.
Toay está pegada a la capital y comparte su público casi sin frontera, así que para un local de una o de otra la competencia es la misma noche. Hacia el resto de la provincia, Anguil, Winifreda o Macachín tienen su vida social propia, con clubes y salones que hacen pocos eventos por año pero grandes: muchas veces, la fiesta del pueblo.
Para esos eventos lo que importa es no cargar con un costo fijo y que alguien de la comisión pueda controlar la puerta con su teléfono: vender entradas se paga por entrada vendida y el cargo lo pone el comprador. Y General Pico, la otra ciudad grande de La Pampa y sede de otras facultades de la universidad, tiene una noche propia con la misma lógica de estudiantes que la capital.
GVenue se desarrolla adentro de clubes que están operando: cada función nace de un problema real de una noche real y se corrige a la semana siguiente, con el club funcionando. Por eso el cajero no puede tipear un precio, el aforo se cuenta en vez de estimarse y la caja se arquea contra lo que se contó. Y por eso la barra no paga comisión: GVenue no se lleva un porcentaje de lo que vende la barra, que es del club, entero.
Vender entradas no tiene setup ni mensualidad: el cargo de servicio lo paga el comprador. Los demás módulos tienen su precio por mes a la vista en /armar, y van sin abono si vendés tus entradas con GVenue y llegás a 300 entradas pagas por mes (promedio de los últimos 3 meses).